Sábado, 19 Septiembre 2020

¿Porque viajar ligero de equipaje?

equipajeProbablemente, estarás pensando que el motivo es el ahorrarnos el importe de facturar la maleta que cobran las compañias de vuelos de bajo coste y no vas descaminado. En un viaje de ida y vuelta, el facturar una maleta supone entre 30 y 40 euros y esa cifra, cuando el importe del vuelo ha sido inferior a 100 euros, supone casi un 50% sobre su coste. Es una razón importante, pero no es la única, y en muchas ocasiones, ni siquiera la principal, ni tampoco el único gasto al que hacer frente por el equipaje, porque en algunas ciudades, por equipajes voluminosos hay que abonar un plus adicional en el transporte público, o simplemente, ese exceso de volumen, nos obliga irremediablemente a tener que recurrir a un taxi para llegar hasta nuestro alojamiento en destino.

"El tiempo", ya lo dicen los sabios, "es oro, y el que lo pierde, pierde un tesoro". Los equipajes facturados nos hacen perder un valiosísimo tiempo, que nunca sobra, al tener que esperar su salida por la cinta transportadora", y esto, puede hacernos perder enlaces con autobuses, trenes o cualquier medio de transporte hasta el destino a nuestra llegada.

Para la vuelta a casa, tendremos que acudir con más antelación y pasar por los mostradores de facturación  del aeropuerto. Si le sumamos lo que tardamos en deshacer y rehacer el equipaje, o en el peor de los casos, el gestionar su pérdida al llegar a destino, nos encontramos que estos tiempos, pueden llegar a ser realmente importantes.

Si nuestro equipaje viaja con nosotros, evitaremos su pérdida, pero además, ganaremos dinero,  tiempo y comodidad. Porque no es lo mismo moverse con una maleta de cabina de cuatro ruedas, que con una o varias maletas pesadas, al estilo las Campos en New York. Tener que subir o bajar escalones, andar por una abarrotada calle, o querer hacer un alto en el camino para visitar ese monumento que nos ha llamado la atención. Y ya de disparar la cámara, ni hablamos, que nuestras manos, con empujar el tremendo maletón cargado de vestidos que con toda probabilidad no vamos a lucir, tienen bastante.

Un fenómeno curioso que experimenta mi equipaje, es que ha ido menguando con el tiempo. Cada vez, es mas pequeño. Porque he aprendido a seleccionar lo que de verdad voy a usar, a olvidarme de los "porsiacaso", a escoger ropa y calzado versatil, pero sobre todo, cómodo, que me siente bien, y que sea diferente de los viajes anteriores, y además, de colores diferentes, por aquello de no salir siempre con lo mismo en todas las fotos, y que no parezca que es un montaje en un estudio, un photoshop mal hecho, de los que la persona no cambia, la misma ropa, y diferente paisaje. Porque ir de viaje, es ir a disfrutar, y hay que hacerlo, y si puede ser, con una pizca de glamour. El cómo escoger nuestras prendas fetiche viajeras, es otro capítulo que verá la luz próximamente en esta sección.

Si os preguntais ... ¿Y en invierno,te cabe todo en una maleta de mano? ¡No me lo puedo creer!. Yo pensaba lo mismo.

Al principio, cargar solo con la maleta mediana para un viaje en pleno verano de dos semanas, me parecía todo un logro, tras haber cargado con una maleta enorme, y para colmo, en color verde fosforito.

Después, el logro me lo pareció hacerlo en invierno. Una maleta mediana en invierno, era maravilloso.

Finalmente, las últimas vacaciones, tanto de verano como de invierno, solo necesitaron de una maleta de cabina y el bolso acolchado e impermeable para la cámara, que también ha encogido: 20 días recorriendo Italia y 8 días recorriendo Suiza, este último destino, más exigente por requerir equipamiento especial, como botas de montaña, guantes, gorro, ropa térmica y lo que haga falta, para no morirse de frio a 20 grados bajo cero.

Pero la maleta de cabina, no es la panácea y no sirve en todos los casos. Para escapadas de fin de semana, es demasiado grande y voluminosa, y va a impedir que el Domingo, el día en que volvemos a casa, lo disfrutemos hasta la hora del vuelo, porque no es lo suficiente cómoda como para hacer turismo con ella, además, tampoco vamos a necesitar de toda su capacidad.

Lo ideal es una mochila bien cómoda y bonita, de unos 32 centímetros, a ser posible, que no desentone con nuestro look. Va a salir en todas las fotos que hagamos ese día, y no es necesario lamentarse durante años de su presencia. Es mucho mas sencillo integrarla como parte de nuestro look aventuro, y que nos favorezca. Mi mochila de Coronel tapioca de lona, que me ha acompañado como segundona durante muchos años, ahora es la estrella de las escapadas de fin de semana. Impecable como el primer día, me da la libertad de abandonar el alojamiento el Domingo por la mañana, aprovechar el tiempo en destino hasta la salida del vuelo por la tarde, y no desentona.

NLF.pie.fw

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”. – Mark Twain